La astrología de relación examina cómo interactúan dos cartas y qué crean juntas. Las dos técnicas principales son la sinastría, que superpone las cartas, y la compuesta, que las fusiona en una única carta de punto medio que representa la relación como una entidad propia.
La sinastría opera a través de los interaspectos: los ángulos que se forman entre los planetas de una persona y los de la otra. Una conjunción Venus-Marte entre dos cartas sugiere una atracción inicial fuerte. Los aspectos de Saturno suelen describir dónde el compromiso y la estructura encuentran resistencia. Los nodos y los planetas exteriores añaden capas sobre la resonancia kármica, el crecimiento a largo plazo y los temas colectivos que ambas personas atraviesan juntas.
La carta compuesta, en cambio, no trata de dos individuos: es la carta de la relación misma. La casa donde cae el Sol compuesto describe el propósito central de la pareja. La Luna compuesta muestra la base emocional. Un Saturno compuesto en la casa 7 da una relación muy distinta a un Venus compuesto en ese lugar, aunque las cartas individuales parezcan compatibles en sinastría.
Más allá de la sinastría y la compuesta, Juno y el Vertex aportan perspectivas específicas sobre el compromiso y el encuentro destinado. El cálculo del lenguaje del amor se apoya en Venus, la Luna, Marte y la casa 5 para mostrar cómo expresa y recibe afecto cada persona — precisamente ahí es donde muchas parejas por lo demás compatibles encuentran sus roces.
